Como vivir en paz cuando a tu alrededor no hay paz
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“La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden.” Juan 14:27

Vivimos en tiempos donde la paz parece cada vez más escasa. Para muchas personas, la paz se ha convertido en un sueño que parece imposible de alcanzar. En muchas partes del mundo, la opresión, el miedo y la violencia forman parte de la vida diaria.
Hay personas que escuchan las sirenas que anuncian bombardeos varias veces al día. Familias enteras viven con la incertidumbre de no saber qué ocurrirá mañana. Niños que deberían estar en la escuela aprendiendo y jugando, muchas veces no pueden asistir por las constantes amenazas y el peligro que los rodea.
¿Alguna vez has tratado de imaginar lo que sería vivir así?
Imaginar que cada sonido fuerte puede significar peligro. Imaginar que salir de casa puede ser arriesgar la vida.
Tal vez muchos de nosotros no vivimos en medio de una guerra. Sin embargo, en muchos de nuestros países latinoamericanos también enfrentamos situaciones que roban la paz. Personas que tienen miedo de salir de noche por los asaltos, familias que viven preocupadas por la violencia en sus barrios o por la presencia de pandillas.
La pregunta entonces es inevitable:
¿Cómo podemos vivir en paz cuando a nuestro alrededor parece no haber paz?
La respuesta que Jesús nos da es sorprendente. Él dijo:"Mi paz les doy; no se la doy como la da el mundo."
La paz que ofrece el mundo depende de las circunstancias. Cuando todo está bien, sentimos tranquilidad. Pero cuando llegan los problemas, la paz desaparece.
La paz que Jesús ofrece es diferente. Es una paz que puede permanecer incluso en medio de la tormenta.
Pero, ¿cómo podemos experimentar esa paz en nuestra vida diaria?
1. Hablar con Dios en oración
Dios está esperando que nos acerquemos a Él. Él quiere que llevemos ante su presencia nuestras preocupaciones, nuestros temores y nuestras cargas.
A veces pensamos que nuestras luchas no son importantes para Dios, pero la Biblia nos recuerda que Él se interesa en cada detalle de nuestra vida.
Orar es simplemente hablar con Dios, abrir nuestro corazón delante de Él con sinceridad.
Recuerdo que cuando yo era más joven estaba pasando por un proceso de sanidad después de haber sufrido trauma. Era una etapa difícil de mi vida, llena de preguntas y dolor.
En ese tiempo, un consejero me dio un consejo muy sencillo, pero profundamente transformador. Me dijo que imaginara que Jesús estaba sentado frente a mí, mirándome con amor.
Así comencé a hablar con Jesús.
Le contaba lo que sentía, lo que me dolía, lo que no entendía. Le hablaba como uno habla con un amigo cercano.
Ese ejercicio sencillo me ayudó profundamente. Poco a poco comencé a experimentar la sanidad y la paz que tanto buscaba.
La oración tiene ese poder: nos conecta con Dios y nos recuerda que no estamos solos.
2. Alimentar nuestra mente con la Palabra de Dios
Otra manera en la que Dios trae paz a nuestro corazón es a través de su Palabra.
Leer la Biblia nos permite conocer cómo piensa Dios. Nos ayuda a entender su carácter, su amor y sus promesas.
En la Palabra de Dios encontramos consuelo cuando estamos tristes, dirección cuando estamos confundidos y esperanza cuando todo parece oscuro.
La Biblia está llena de historias de personas que atravesaron momentos muy difíciles: guerras, persecuciones, pérdidas, injusticias. Sin embargo, en medio de esas situaciones, Dios siempre estuvo presente.
Dios nunca llega tarde.
Los evangelios nos muestran la vida de Jesús: sus enseñanzas, sus milagros, sus encuentros con personas que sufrían y necesitaban esperanza.
Cuando leemos estas historias entendemos algo muy importante:Jesús siempre se acerca a las personas que sufren..
3. Rodearnos de personas que nos apoyen
Dios no nos creó para vivir solos. Necesitamos relaciones, amistad y comunidad.
En momentos de angustia, tener personas a nuestro lado puede hacer una gran diferencia. Personas que nos escuchen, que oren con nosotros y que nos animen cuando sentimos que ya no podemos más.
Estas personas pueden estar en nuestra familia, en nuestro trabajo, en la iglesia o incluso entre nuestros vecinos.
A veces algo tan sencillo como compartir un café, salir a caminar o sentarse a conversar puede traer alivio al corazón.
Dios muchas veces usa a otras personas para recordarnos su amor y su cuidado.
4. Recordar que Dios sigue teniendo el control
Cuando miramos las noticias o escuchamos todo lo que ocurre en el mundo, es fácil sentir que todo está fuera de control.
Pero la Biblia nos recuerda una verdad muy importante: Dios sigue siendo soberano.
Nada de lo que ocurre escapa de su conocimiento ni de su poder.
Esto no significa que no habrá momentos difíciles, pero sí significa que nuestra esperanza no depende de las circunstancias, sino de Dios.
Cuando confiamos en Él, nuestra paz no depende de lo que sucede afuera, sino de quién gobierna nuestra vida.
Una paz diferente
La paz que Jesús ofrece no es la ausencia de problemas. Es una paz que puede existir incluso en medio de las dificultades.
Es la certeza de que Dios está con nosotros.
Es saber que, aunque el mundo a nuestro alrededor esté lleno de incertidumbre, nuestra vida está en las manos de un Dios que nos ama profundamente.
Por eso Jesús nos dice hoy las mismas palabras que dijo a sus discípulos hace tantos años:
“No se angustien ni se acobarden.”
Porque la paz que Él nos da es más fuerte que cualquier tormenta.
Viola Ayala




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