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Cuando el dolor toca a tu puerta

  • info593312
  • 8 may
  • 3 min de lectura

La muerte de un ser querido es una de las experiencias más dolorosas que podemos enfrentar. Es normal sentir tristeza, impotencia, confusión e incluso ira. En momentos así, el dolor puede sentirse tan profundo que parece imposible de reparar. Para algunos puede ser que parezca que parte de ellos murió con el ser querido. 


Hace cinco años falleció mi papá. No estuvo enfermo por mucho tiempo; solamente fue internado dos días y después partió con el Señor. Yo tenía una relación muy cercana con él, y sentí como si una parte de mí también se hubiera ido. Su muerte sacudió mi mundo. Fue como si uno de los pilares más importantes de mi vida se hubiera quebrado.

Recuerdo que, aun meses después de su partida, bastaba con mencionar su nombre o recordar alguna anécdota para que todos en la familia termináramos llorando. Además, él falleció en el Día del Padre, por lo que cada año esa fecha tiene un significado muy profundo para mí. Mientras muchos celebran, yo recuerdo que ya no puedo llamarlo, abrazarlo o compartir una torta con él; también recuerdo el aniversario de su partida.


Muchos de ustedes conocieron al pastor Ernesto Pinto, y hoy su familia está atravesando un dolor similar. Su querida esposa deberá enfrentar la vida sin su compañero de tantos años; sus hijos y nietos sentirán el vacío de un padre y abuelo amado. También su madre sufre la pérdida de un hijo, y sus hermanos, la de un hermano querido. Sé que muchos de ustedes también han pasado por ese valle de dolor.


Y entonces surgen preguntas que todos nos hacemos: ¿Cómo se supera la muerte de un ser querido? ¿Cómo se continúa cuando el pilar que sostenía parte de nuestra vida ya no está y sentimos que todo tambalea?

La verdad es que uno nunca “supera” completamente la pérdida. Más bien, aprende a vivir con la ausencia. El dolor no desaparece de un día para otro, pero con el tiempo Dios nos da fuerzas para seguir adelante. Su gracia sostiene el corazón quebrantado, y su consuelo nos recuerda que no caminamos solos. Como dice la Escritura: “Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón” (Salmo 34:18).  El conoce nuestro sufrimiento y El quiere ayudarnos.   Sin embargo, la Biblia nos ofrece una promesa reconfortante: Dios no está lejos en nuestro dolor. Él no es ajeno a nuestra angustia; al contrario, se acerca a quienes tienen el corazón quebrantado.



Aunque la pérdida es real y el luto es necesario, no tenemos que llevar esta carga solos. Dios es descrito como el "Padre de todo consuelo". Confiar en Él no significa ignorar el dolor, sino permitir que Su presencia nos sostenga cuando nuestras fuerzas fallan.

Jesús dijo: "Yo soy la resurrección y la vida" (Juan 11:25). Esta promesa nos da la esperanza de que la muerte no es el final definitivo, sino un paso hacia la eternidad. Mientras atravesamos este proceso, podemos descansar en que Dios cuida de nuestro ser querido y también de nosotros, ofreciendo consuelo y la promesa de un futuro libre de dolor.

 

Tómate unos minutos para escribir un recuerdo feliz de tu ser querido, agradeciendo a Dios por el tiempo que compartieron, y permite que ese recuerdo traiga paz a tu corazón.

 

Oración

Padre Celestial, hoy vengo ante ti con el corazón roto. Te entrego mi dolor, mi confusión y mi tristeza por la partida de [Nombre del ser querido]. Me siento vacío/a y necesito tu consuelo. Te pido que seas mi amparo y fortaleza en este momento de angustia. Ayúdame a encontrar esperanza en tu promesa de resurrección y a sentir tu abrazo sanador. Confío en que tú eres el refugio seguro para mi alma. En el nombre de Jesús, Amén.

 

 
 
 

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