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El futuro puede ser incierto, pero con Dios todo es seguro.

  • info593312
  • 3 jul
  • 2 min de lectura

Hay momentos en los que la incertidumbre invade el corazón. Nos preguntamos si aquello que tanto anhelamos llegará a hacerse realidad o si tendremos que despedirnos de nuestros sueños. Tal vez has orado por un trabajo, una restauración familiar, un ministerio o un hijo, y el silencio de Dios te ha hecho preguntarte: ¿Qué pasará?


La siguiente historia nos recuerda que, aun cuando el panorama parece imposible, Dios continúa teniendo la última palabra.


Después de haber sufrido dos abortos espontáneos, una mujer recibió una noticia desalentadora: el médico le explicó que las posibilidades de volver a quedar embarazada eran muy bajas. Sin embargo, tiempo después volvió a concebir.

La alegría del embarazo pronto fue reemplazada por la preocupación. Los sangrados comenzaron nuevamente. El diagnóstico era parecido al de los embarazos anteriores: desprendimiento de placenta. Las migrañas eran tan intensas que terminaba una y otra vez en el hospital, donde necesitaba tratamiento urgente para aliviar el dolor. Los sangrados continuaban y el temor crecía con cada día.


Todos los días oraba al Señor. No le pidió riquezas ni comodidad; solo quería saber si ese bebé sobreviviría. Le confesó a Dios que no quería ilusionarse para volver a experimentar la pérdida que ya había sufrido dos veces.


Pasaban las semanas y el sufrimiento parecía no terminar. Un día, mientras conversaba con una amiga, una profunda convicción llenó su corazón. Comprendió con claridad que, si el bebé había resistido todas aquellas complicaciones durante más de un mes, Dios lo sostendría hasta el final. Aquella certeza no eliminó las dificultades, pero sí transformó su manera de enfrentarlas.

El embarazo siguió siendo complicado, e incluso después del nacimiento hubo nuevos desafíos. Sin embargo, Dios cumplió su promesa.


Hoy, aquella pequeña es una hermosa joven de 18 años. Se graduó de la secundaria y ha comenzado sus estudios universitarios con el deseo de convertirse en enfermera pediátrica, para servir y cuidar la vida de otros niños.


"Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas." — Proverbios 3:5-6


La fe no consiste en vivir sin preguntas, sino en seguir confiando cuando todavía no tenemos todas las respuestas. Dios no siempre cambia nuestras circunstancias de inmediato, pero sí fortalece nuestro corazón para atravesarlas. Lo que hoy parece un camino lleno de incertidumbre puede convertirse mañana en un poderoso testimonio de la fidelidad de Dios. Cuando todo parezca incierto, recuerda que el Señor sigue obrando, aun cuando tus ojos todavía no puedan verlo.

 
 
 
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