Menospreciar a otros

Esta semana estuve hablando en una entrevista sobre un tema que, aunque puede parecer normal hacerlo, nos invita a mirar profundamente nuestro corazón: ¿qué sucede cuando nos burlamos o menospreciamos a otras personas?
A veces podemos juzgar a alguien por su apariencia, por su apellido, por la ropa que usa, por su condición económica o simplemente porque pensamos que somos mejores que esa persona.
Pero vale la pena detenernos y preguntarnos: ¿cómo somos nosotros con los demás?
¿Nos creemos más importantes?¿Pensamos que somos más atractivos o que tenemos más valor que otros?¿Tratamos de manera diferente a una persona dependiendo de lo que tiene o de cómo se ve?
La Biblia nos recuerda una verdad fundamental: todos fuimos creados a imagen de Dios (Génesis 1:27). Nuestro valor no depende de nuestra apariencia, de nuestro apellido, de cuánto dinero tenemos ni de nuestra posición social.
Entonces, si Dios nos creó a todos a su imagen, ¿con qué derecho podemos mirar a otra persona como si fuera menos que nosotros?
Cuidemos nuestras palabras
Muchas veces el menosprecio comienza con algo que parece pequeño: una broma, un comentario sobre la apariencia de alguien, una crítica o una palabra que decimos sin pensar.
Pero nuestras palabras pueden herir profundamente.
La Biblia nos enseña en Efesios 4:29 a cuidar lo que sale de nuestra boca y a procurar que nuestras palabras sirvan para edificar a los demás.
También Santiago 3 nos recuerda el poder de nuestra lengua. Con ella podemos bendecir, pero también podemos herir.
Por eso necesitamos preguntarnos antes de hablar:
¿Lo que voy a decir va a edificar o va a destruir?¿Estoy hablando desde el amor o desde mi orgullo?
Jesús nos enseñó con su vida
Si queremos aprender cómo tratar a los demás, tenemos que mirar a Jesús.
Jesús no se acercaba solamente a las personas importantes o a quienes tenían una buena posición. Él mostró amor, compasión y dignidad hacia personas que muchos de la sociedad rechazaban o menospreciaban.
Jesús miraba a las personas de una manera diferente. Él veía más allá de la apariencia, de la condición social y de los prejuicios.
Por eso, seguir a Jesús significa aprender también a mirar a los demás como Él los mira.
En Mateo 22:39, Jesús nos enseña:
“Ama a tu prójimo como a ti mismo.”
Es difícil amar verdaderamente a nuestro prójimo mientras pensamos que somos superiores a él.
Una reflexión para nuestro corazón
Tal vez no nos consideramos personas que menosprecian a otros. Pero sería bueno revisar nuestro corazón.
Quizás no insultamos directamente a alguien, pero hacemos comentarios sobre su apariencia.Quizás no nos burlamos de una persona, pero la tratamos diferente por su situación económica.Quizás no rechazamos a alguien públicamente, pero interiormente pensamos que somos mejores.
Dios nos llama a algo diferente.
Nos llama a vivir con humildad, a cuidar nuestras palabras y a tratar a cada persona con respeto y amor.
No necesitamos sentirnos superiores para sentirnos valiosos. Nuestro valor viene de Dios.
Y cuando entendemos cuánto nos ama Dios a nosotros, también comenzamos a mirar a los demás con otros ojos.
Para reflexionar
Esta semana podemos hacernos algunas preguntas:
¿Cómo estoy tratando a las personas que son diferentes a mí?¿Hay alguien a quien estoy menospreciando, juzgando o evitando?¿Mis palabras están edificando o lastimando?¿Estoy viendo a las personas como Dios las ve?
Porque cuando aprendemos de Jesús, entendemos que nadie es menos importante delante de Dios.




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